Creo mucho en el karma y las consecuencias terribles de mis malas decisiones.
Me portaba mal, y recibía a cambio días malos... me portaba bien, y todo lo bueno me pasaba.
Por ejemplo, aquella vez en la que traté mal a una anciana mendiga que me pedía dinero todos los días, tuvo como consecuencia unas dos semanas más de ventas nulas en mi tienda. Desesperado, tuve que salir como loco a buscarla y regalarle los últimos centavos que me quedaban, para así romper el efecto del karma. Así de extremo y real. Lo bueno es que funcionó. Al día siguiente, la mala racha se acabó y volví a tener ventas decentes y todo lo bueno me pasaba. ¿Coincidencia? no lo sé, sólo sé que existe una extraña relación entre mis acciones y las consecuencias inmediatas. ¿Otro ejemplo más feeling? Hace tiempo estuve saliendo con un joven muy amable que me gustaba, pero que con los días venideros pude notar que no teníamos mucho en común, y hasta me sentía un poco avergonzado de presentarlo a mis amigos porque éstos eran algo crueles. Pasaban los días y él seguía enamorándose de mí, me dedicaba perreos, me escribía tiernos "Te KIeRo MuxxO", y me regalaba chupetines Globopop, pero aún así, yo me sentía cada vez más presionado por mis propias inseguridades y tuve que terminar la relación con el tristemente absurdo "no eres tu, soy yo". Pero él no se dio por vencido y siguió buscándome como loco, llamándome y enviándome mensajes suplicando una nueva oportunidad o tal vez, una mejor excusa. Me comencé a fastidiar por su insistencia y tuve la genial idea de decirle todo lo que pensaba de él y rápidamente me salieron palabras muy hirientes que aún hoy reconozco como las bajezas más lamentables que han pronunciado mis labios. Lloró, sus ojos se pusieron muy rojos y su tierna e inocente carita me reveló el más profundo resentimiento en solo unos segundos. No hubo un Adios, simplemente se fue, no volteó la mirada, siguió su paso firme y no supe más de él.
Años después, me tocó enamorarme a mí. Esta vez era de alguien que en pocas palabras, me decía que también me amaba pero que lloraba por cada beso que me daba y se autoflagelaba por el pecado que cometía al desear tanto estar con otro hombre: un traumado. No era feliz. No eramos felices. Intentaba hacerlo sentirse bien, lo protegía, lo esperaba pacientemente, le daba todo lo que un hombre enamorado puede dar, asegurándome en todo momento que nadie le haga daño, pero él seguía sufriendo, seguía llorando. Si hacemos un comparativo con algo actual, era como un "50 sombras de un gay". Yo lo deseaba dominar, el deseaba ser el sumiso, pero tan pronto como liberábamos nuestros monstruos, "mi amor" terminaba flagelándolo y lo asustaba, lo hacía sufrir. Un buen día, tomé la decisión más inteligente posible y me alejé de él para siempre, aunque los siguientes años me la pasé a lo walking dead, viviendo muerto, sin emociones, enclaustrado en mi habitación y muriendo lentamente.
Por esos días en los que andaba así de jodido, me ocurría mucho que caminaba por las calles sin rumbo fijo, solo caminaba y notaba como la gente pasaba y no se daba cuenta de mi existencia. Era muy deprimente y había incluso ocasiones en las que no tenía un centavo en el bolsillo pero aún así escapaba de mi habitación para no ponerme triste y seguía caminando.
Un día, siendo muy tarde y luego de haberme caminado toda la Av. Arequipa, me apresuré a tomar una combi y me senté a un lado de la ventana mientras seguía pensando y pensando, hasta que de pronto, me piden mi pasaje. No levanté la mirada, sólo en un acto casi reflejo, saqué mi billetera y tras una breve búsqueda, me percaté que no tenía un solo centavo. Levanto la cara para disculparme o justificar de alguna forma mi problema y de pronto veo su rostro. Era él, aquel chico al que humillé alguna vez, ahora frente a mí, con el poder de humillarme en sus manos. Bajé la cabeza y él simplemente volteó la mirada. Estaba tan sorprendido como yo, me imagino. Busqué entre mis cosas tórpemente, tratando de encontrar algo de dinero, pero me di cuenta que era inútil. ¿Bajarme a esa hora de la noche? ¿Dejarme botado en la calle? Seguro pensó hacerlo, pero algo se lo impidió. Simplemente me ignoró, y nunca antes se había sentido tan bien que alguien me ignore. Si me hubiera visto a los ojos, no habría podido soportarlo. Me habría quebrado en ese mismo instante. Al llegar a mi destino, en un viaje sumamente eterno, bajé lentamente, traté de alzar la mirada y justo cuando ensayaba un "Perdóname", él no me dijo nada, simplemente cerró la puerta y gritó al chofer "Vámonos".
Así fue como recibí mi merecido. Me dolió. Pero esto y otros tantos golpes más recibidos, no hicieron más que ayudarme a madurar, a saber que el mundo da vueltas y que nunca debemos hacerle al otro lo que no queremos que nos pase a nosotros. A veces lo olvido, y claro, recibo mi Black Karma de vuelta. Pero casi siempre procuro llevarme bien con el mundo.
***
Y es que solo les he contado las cosas malas que he hecho en la vida y las consecuencias de las mismas, pero también he hecho cosas buenas. Cosas de las que me siento orgulloso pero que no serían prudentes contarle al mundo pues se viven mejor de manera discreta. Y como toda buena acción tiene una buena reacción. Allí se encuentra la respuesta al nombre de este post. Julius es mi consecuencia. Aquella persona que con su paciencia, amor y dedicación me ha demostrado el lado más sincero del amor. Aquella persona que quiero seguir viendo todos los días al despertar. Aquella persona que conoce mi presente, mi pasado y planea conmigo su futuro. Aquella persona inesperada que llegó a mi vida en el momento preciso, cuando estaba listo para amar sin mirar atrás y luego de haber curado mis heridas y haberme convertido en el hombre que siempre quise ser.
Lo amo y por eso lo uso ahora de inspiración para continuar escribiendo.
Me gusta mi relación con el Karma. Estoy seguro que existe, así como existe el verdadero amor.
Nuestra canción :)








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